©2020 by Luis Pizarro

    El examen ignaciano y la campana budista


    En los monasterios budistas (especialmente en las tradiciones Zen y Theravada) existe la costumbre de hacer sonar una campana en momentos concretos del día, de manera que todos los residentes en el monasterio, monjes o laicos, puedan escuchar con claridad su sonido. Al toque de la campana, todas las personas que habitan el monasterio detienen momentáneamente la actividad que tienen entre manos, respiran pausadamente y toman plena conciencia del momento presente. El sonido les hace volver a la plena presencia. La práctica de la atención plena, la conciencia continua del presente, es una de las características que mejor definen la praxis en las tradiciones budistas antes mencionadas.


    Cuando comencé a hacer del examen ignaciano una práctica diaria, recordé la campana budista.


    Durante el examen traemos a la conciencia la memoria del día. Los pensamientos, sentimientos y acciones que han ocurrido durante el día pasan uno tras otro por la pantalla de nuestra conciencia. Es una forma de traer el pasado al presente. La aplicación de los cinco pasos en los que se estructura esta oración permite descubrir la presencia de Dios a lo largo del día que termina. Es como ver a Dios en retrospectiva. El pasado se transforma de pronto en algo valioso, digno de recordar, y no precisamente porque todo lo que ha sucedido en él sea luminoso, sino porque lo vemos (intentamos ver) a través de los ojos de Dios.


    Inmediatamente después de iniciar la práctica del examen, en los días siguientes, tuve una experiencia inesperada. Súbitamente, sin proponérmelo, en medio de las actividades cotidianas (como desayunar, hablar con algún compañero de trabajo, sentarme a leer,...) recordaba el examen, sabía que ahí estaba esta preciosa forma de oración esperándome al final del día, y tomaba plena conciencia de que todo lo que estaba haciendo, pensando, sintiendo en ese instante sería después parte de mi examen. Esto me hacía ser más cuidadoso en el trato con mis semejantes, en mis pensamientos, en mis actos,... Surgía en mi interior un sentimiento agradable al saber que al final del día revisaría esas acciones con una mirada amorosa. Tenía la sensación de llevar ahora el presente al futuro.


    De esta manera inusual sentía que esos momentos en los que tomaba plena conciencia del examen eran como tañidos de la campana budista, toques que me permitían centrarme en el presente para dejar paso a la acción de Dios en mi vida, de modo que al menos en una pequeña proporción mis actos se llenaran de la mirada amorosa del Padre.


    Estoy en casa desayunando precipitadamente, pensando en cosas del ayer y en el día que se presenta por delante… Súbitamente recuerdo el examen. Ha sonado la campana. Respiro conscientemente y sé que este instante aparecerá en la pantalla de mi mente cuando, ya en la noche, me siente y haga del examen mi oración. Tomo la taza de café pausadamente, siento el calor en mis manos y disfruto de su aroma. Doy gracias a Dios por este momento presente maravilloso, por mi desayuno y por la paz que siento en el silencio de la mañana…